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Sostenibilidad medioambiental

Australia: qué nos dicen los incendios sobre el futuro de nuestro planeta

Febrero 2020

Australia está ardiendo y la situación no tiene visos de mejorar si seguimos ignorando el calentamiento global. Pero ¿por qué se ha producido un desastre ambiental de tal magnitud? Y ¿por qué podría empeorar la situación?

Ya son unos 8 millones las hectáreas de territorio australiano las que se han quemado en los incendios desde octubre pasado hasta la fecha. Una superficie equivalente al doble de la que se quemó en Siberia y la Amazonia juntas en 2019. Australia es un continente árido, cubierto en gran parte por bosques de eucaliptos y por el bush, una vegetación que acostumbra a recibir impactos de rayos. Al quemarse, podemos pensar que el bosque se sigue desarrollando y se renueva, pero hasta ciertos límites...

Las causas de los incendios en Australia

En 2019, Australia ha hecho frente a los picos de calor y de sequía más altos que se han registrado desde 1900. Ha faltado más de un tercio de la lluvia que suele caer en el continente, las temperaturas medias han subido 1,5°C respecto a la media entre 1961 y 1990 y también las máximas han subido más de 2°C. En España, el ser humano es el causante de aproximadamente el 80% de los incendiosforestales, mientras que en Australia se estima que aproximadamente la mitad de los incendios se debe a los rayos.

Los informes del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático), de los investigadores y del Gobierno australiano coinciden en señalar que el aumento del riesgo de incendio en Australia es consecuencia del cambio climático. Y hay otro problema más: la economía de Australia se basa en gran medida en la extracción y la exportación de carbón, actividades que no son compatibles con los objetivos del Acuerdo de París para frenar el calentamiento global.

De los incendios en Australia a la dimensión global del problema

Según el World Resources Institute, en 2019 los satélites de la NASA registraron 200.000 «alertas de incendio» más que en 2017. En el Ártico, el servicio de supervisión atmosférica Copernicus detectó incendios que, en junio de 2019, habían liberado a la atmósfera una cantidad de dióxido de carbono mayor que la producida por todos los incendios registrados en la zona entre 2010 y 2018. Por otra parte, si analizamos la Amazonia, el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil ha calculado que los incendios en el territorio de ese Estado han aumentado un 84% respecto al año 2018.

Australia en llamas y las perspectivas de la crisis

Ante acontecimientos de proporciones tan catastróficas, el único remedio es aprender de los errores cometidos. Las técnicas de prevención implementadas en Australia, como el «fuego prescrito» (que elimina el combustible utilizando una llama baja supervisada de forma constante), no han sido suficientes por el momento. Se necesita más bien un compromiso global para frenar la subida de las temperaturas, como los Gobiernos y los ciudadanos ya saben desde hace años, aunque a veces parecen haberlo olvidado.

Incendios como los de Australia representan una grave amenaza para las especies raras, pero sobre todo para la integridad humana (solo en los primeros días de 2020 murieron al menos 14 personas). Además, los incendios contribuyen al aumento del CO2 atmosférico. En pocas palabras, el incremento de las temperaturas corre el riesgo de poner en marcha un círculo vicioso en el que los incendios, al aumentar las emisiones a la atmósfera, provocarán un aumento ulterior de las temperaturas de manera que cada vez estaremos más cerca de un punto de no retorno.