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Sostenibilidad medioambiental

Así es como las finanzas ecológicas pueden rediseñar el capitalismo para un mundo más sostenible

Julio 2020

Los inversores tienen el poder de mantener o retirar financiaciones a las empresas y los Gobiernos que no se tomen en serio sus responsabilidades ambientales y sociales. Además, las inversiones de acuerdo con principios de sostenibilidad pueden producir rentabilidad a largo plazo.

Finanzas ecológicas: aumenta la demanda de una economía más sostenible

El capitalismo sostenible ya no es una contradicción. Ignorar la agenda de las finanzas verdes es prácticamente imposible, según afirma Paul Fisher, ex miembro del Banco de Inglaterra. Fisher explica que no solo son evidentes las carencias del viejo modelo basado en «desarrollo, producción, eliminación», sino que la demanda por parte de las instituciones públicas de una economía más sostenible se está intensificando, a pesar de que no se esperaba tal intensificación. «A día de hoy, China es en realidad uno de los países más atentos al clima y a la economía verde», afirma Fisher. «Esto se debe a que la contaminación, en particular la contaminación atmosférica, ha llegado a ser tan grave que el Gobierno está realmente preocupado por el riesgo de disturbios civiles.»

La sostenibilidad es una preocupación global

De China a Europa, el llamamiento a una reformulación más ecológica y limpia del capitalismo está cobrando fuerza en todo el mundo. La Organización Mundial de la Salud estima que nueve de cada diez de nosotros respira cada día aire peligrosamente contaminado. Los contaminantes atmosféricos como las partículas causan 7 millones de muertes prematuras al año, tres veces más que la malaria, el SIDA y la tuberculosis juntos.

Y luego está la cuestión de la carencia de agua inminente. El calentamiento global y la demanda de agua limpia de las ciudades y los sectores manufacturero y agrícola son responsables de un rápido agotamiento de los recursos de agua dulce. Una de cada cuatro personas vive en zonas que sufren una grave escasez de agua. «El agua es quizás el más preocupante de todos los riesgos físicos», explica Fisher. Para complicar aún más las cosas, el deterioro ambiental suele agravar las desigualdades sociales. Una «combinación tóxica» que ha dado pie a movimientos políticos populistas, alimentando violentos disturbios sociales desde Delhi hasta París.

El apoyo por parte del sector público para las finanzas ecológicas

Los Gobiernos del mundo están intentando dar una respuesta eficaz. Pero, con demasiada frecuencia, las soluciones que proponen acaban siendo contraproducentes. Según Fisher, aquí es donde la industria financiera puede aportar su granito de arena. Esto se debe a que, como administradores del capital global, los inversores en particular tienen el poder de mantener o retirar financiaciones a las empresas y los Gobiernos incapaces de tomarse en serio sus responsabilidades ambientales y sociales.

 Pedir a cada empresa que declare su «huella ecológica» sería una manera de empezar. En noviembre del año pasado, el International Accounting Standards Board (Comité de Normas Internacionales de Contabilidad, IASB), que establece las normas aplicables a las empresas en más de 140 países, recomendó que las empresas incluyesen las repercusiones asociadas al clima en sus balances. Fisher sostiene que, si también lo solicitasen los accionistas y los demás beneficiarios, las consecuencias serían enormes. Aislar la «prima ambiental» desvelaría el coste real del capital y, en última instancia, alejaría las inversiones de empresas y países que ignoran su «huella ecológica».

No es solo una cuestión moral. Este razonamiento también tiene un sentido financiero. En efecto, hay cada vez más pruebas que demuestran que las inversiones de acuerdo con principios de sostenibilidad pueden producir rentabilidad a largo plazo.

Las tecnologías verdes

Pero los inversores juegan un papel mucho más amplio. No solo pueden supervisar la huella ecológica, sino que pueden estimular la innovación y las inversiones en tecnologías verdes. Desplazar los capitales hacia empresas y emprendedores que desarrollan tecnologías para afrontar los efectos del cambio climático y la contaminación es crucial en la construcción de una economía verde. «Hasta ahora, la sociedad ha tratado el cambio climático como una cuestión ética, social, moral o incluso política», explica Fisher. «Pero también es una cuestión financiera. Las sociedades gestoras de inversiones, las aseguradoras y los fondos de pensiones tienen la capacidad de influir en la transición hacia una economía sostenible. Y esto se ajusta a los intereses financieros propios a largo plazo.»

Algunos impulsos a las inversiones ya han dado sus frutos. Por ejemplo, ayudada por un flujo constante de capital privado, la innovación en energía limpia ha crecido, provocando una caída de los costes de la energía solar y eólica. Un estudio muestra que, por cada dólar invertido en tecnología contra la contaminación atmosférica desde los años setenta, se han devuelto a la economía unos 30 dólares.

Por tanto, es evidente que «una economía sostenible es crucial en la lucha por limitar los efectos del cambio climático y es responsabilidad del sector financiero dirigir los recursos para financiarlo», concluye Fisher.