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Green finance

La transformación digital apoyará las finanzas sostenibles

La tecnología financiera y la transición hacia unas finanzas ecosostenibles

Enero 2018

Los antídotos contra los cambios climáticos y las crisis financieras se concentran en una palabra: sostenibilidad. La ONU habla de una «revolución silenciosa» que podría acelerarse gracias a la tecnología.

El futuro de las inversiones debe ser sostenible. Y esta vez no estamos hablando solo de sostenibilidad financiera, sino también ambiental. Los cambios climáticos imponen un cambio de dirección, no solo en la economía real, sino también en las finanzas: en ello nos va el futuro del planeta. Se necesitan acciones urgentes, pero estas requieren inversiones considerables. Podrían garantizarse mediante un planteamiento financiero distinto, capaz de transferir parte de los recursos actuales a las inversiones «verdes». Hasta ahora, solo se ha hecho en una mínima parte.

La transición verde

Según los datos de la ONU, menos del 1% de las obligaciones globales está formado por bonos verdes, menos del 1% de los activos ligados a infraestructuras poseídos por los grandes inversores institucionales puede definirse como ecosostenible y solo una pequeña parte de los préstamos bancarios está destinada a proyectos o empresas «verdes». En los tres casos, es demasiado poco. Y, en cualquier caso, no responde a la urgencia que exige la emergencia climática. Con objeto de intentar acelerar el proceso de transición hacia unas finanzas sostenibles, en 2015 el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente redactó un informe titulado «The Financial System We Need» (El sistema financiero que necesitamos). El estudio intentó, en primer lugar, poner de manifiesto los problemas, para acto seguido subrayar las posibilidades de unas finanzas sostenibles.

Por qué la tecnología financiera será ecológica

«Un sistema financiero es sostenible —afirma el informe— si crea y transfiere activos de manera que se promueva el bienestar de una economía integradora a largo plazo.» Esto significa, entre otras cosas, garantizar servicios financieros a «miles de millones de personas y a millones de pequeñas empresas que a día de hoy se ven excluidas». En este proceso, el sector de las fintech, sector que combina finanzas y tecnología, puede dar un impulso decisivo. Las plataformas digitales necesitan infraestructuras más ágiles y, con frecuencia, pasan por un sencillo smartphone. Por tanto, permiten poner la gama de servicios financieros a disposición de poblaciones pobres y de zonas remotas. Pero no es solo una cuestión técnica, sino que también se refiere a un nuevo modelo de desarrollo: la expansión de plataformas de microcrédito y préstamos peer-to-peer o entre iguales (centradas en inversiones ancladas en la economía real) no es posible sin Internet. Por otra parte, tecnologías como la blockchain permitirán transferir recursos en pocos segundos, por un coste reducido y a cualquier parte del mundo.

Los beneficios de unas finanzas sostenibles

Ya en 2015, cuando la palabra «fintech» era mucho menos habitual que hoy, la investigación de las Naciones Unidas hablaba de «revolución silenciosa», movida sobre todo por los países en vías de desarrollo y participada por todos los actores del ecosistema, de los legisladores a las empresas, pasando por los bancos centrales.

Gracias a unas finanzas sostenibles, los países en vías de desarrollo pueden ampliar el acceso a los servicios financieros, reducir la contaminación mejorando la salud pública y estimular el uso de energías limpias. Por su parte, los países más ricos pueden beneficiarse de un mercado más íntegro, más «resiliente», vinculado a la economía real y a las necesidades de los años venideros (como la transición hacia las energías renovables). Sin embargo, según el informe, la revolución «aún está incompleta» y «todavía queda mucho por hacer». Las acciones necesarias se derivan no solo de quienes dictan las normas (parlamentos y bancos centrales), sino también de quienes deben respetarlas, como los inversores institucionales, las organizaciones internacionales, los intermediarios e incluso los consumidores. Porque la transformación se acelera con la petición de sostenibilidad.