Educación financiera

analizar las decisiones de los individuos para explicar los fenómenos financieros

Guía a la economía comportamental: cuando la teoría se enfrenta a la realidad

Enero 2018

Qué es la economía comportamental, la teoría que ha llevado a su fundador, Richard H. Thaler, a ganar el Nobel de Economía en 2017.

¿La teoría económica estándar? Demasiado rígida. Es mejor volver a observar la realidad y el mundo real, analizar las decisiones de los individuos, sus comportamientos irracionales y equivocados, para explicar los fenómenos financieros. Esta es la teoría en la que se basa la economía comportamental, que ha valido a su fundador, Richard H. Thaler, economista estadounidense de la Chicago University, el premio Nobel de Economía 2017. Se trata de una rama de la economía que describe los fenómenos financieros aplicándoles los elementos psicológicos: esos «rasgos humanos que influyen sistemáticamente en las decisiones individuales y en los resultados del mercado», como ha explicado la Real Academia de las Ciencias de Suecia.

Todo ello se basa en el hecho de que los seres humanos se equivocan, y lo hacen con tanta frecuencia que es posible prever sus errores y construir modelos de comportamiento alternativos a los de la economía clásica. Por ejemplo, según las teorías elaboradas por Thaler, tendemos a concentrarnos en el impacto de una sola decisión en lugar de valorar el marco de conjunto. Es más: muchos atribuyen a un bien un valor distinto en función de si lo poseen o no.

Esto es lo que Thaler llama «limitaciones cognitivas», que deben tenerse en consideración en los contextos de toma de decisiones, incluso en materia de política económica. En efecto, es lo que ya han hecho numerosos Gobiernos, incluida la Casa Blanca, adoptando las teorías del economista de Chicago.

A diferencia de lo que predica la economía convencional, Thaler sostiene que el ser humano no tiene un conocimiento perfecto del mundo a su alrededor, que no posee una fuerza de voluntad férrea y que cuando toma decisiones también tiene en cuenta consideraciones ajenas y factores éticos.

Thaler es quien ha descubierto que la manera en que contabilizamos las pérdidas y ganancias es la que él ha denominado «mental accounting», es decir, contabilidad mental. Según las finanzas convencionales, el dinero es fungible: si me encuentro 10 euros por el suelo, los gastaré de la misma forma que me gasto el dinero de mi nómina. Pero Thaler ha descubierto que eso no es así: según él, en nuestra mente existen «compartimentos» separados en los que clasificamos el dinero en función de su procedencia y destino.

El descubrimiento más reciente de Thaler es el concepto de «nudge», que podríamos traducir en español más o menos como «empujoncito suave», popularizado por el bestseller «Nudge: Improving Decisions About Health, Wealth, and Happiness», escrito en 2008 por Thaler con Cass Sunstein, y traducido al español como «Un pequeño empujón (nudge: el impulso que necesitas para tomar las mejores decisiones en salud, dinero y felicidad».

La hipótesis es que no es cierto que las personas, aun cuando tengan acceso a la información necesaria, siempre tomen la decisión más conveniente para ellas: las decisiones suelen estar influidas por el contexto en el que se toman.

Por ejemplo, normalmente se empieza a pensar en ahorrar cuando nos aproximamos a la jubilación; pero, a menos que no estemos ganando cifras increíbles, ya será demasiado tarde. Ateniéndonos a la racionalidad, tendríamos que empezar a ahorrar cuando somos jóvenes, pero el contexto nos hace tomar decisiones económicas en favor de viajes o compras de tecnología. Según los autores del libro, deberían ser las autoridades públicas las que jugasen un papel a través de los «nudges», intentando orientar a quienes pretendan hacer «lo correcto», situación que ya se ha dado en algunos casos. El Reino Unido, por ejemplo, ha creado el Behavioral Insights Team (Equipo de información comportamental) en las dependencias del Primer Ministro. Y ya se han emprendido muchas iniciativas, como la personalización de los requerimientos de pago o la famosa mosca diseñada en los urinarios de los hombres del aeropuerto de Schiphol en Ámsterdam. La falta de precisión por parte de muchos usuarios de estos urinarios era tal que los baños quedaban impracticables. El resultado ha sido asombroso: con la mosca falsa en los urinarios del aeropuerto de Schiphol, se han reducido en un 20 % los gastos de limpieza.