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Política

Los difíciles retos a los que se enfrenta Biden

Febrero 2021

La elección del cuadragésimo sexto presidente de los Estados Unidos ha supuesto un reto para el electo Joe Biden, que se enfrenta ahora a los desafíos de un país que busca recuperarse mirando hacia un futuro más armonioso.

No se puede decir que la suerte haya acompañado a Biden en su recorrido hacia la Casa Blanca: primero fue la acusación del expresidente Trump de fraude electoral, después vino el asalto al Capitolio por parte de una turba que pretendía impedir la certificación de su legítima victoria y, finalmente, el último desafío del máximo representante saliente, quien marcó un hito histórico sin precedentes en la nación al no presenciar la investidura el pasado 20 de enero. 

Un comienzo tumultuoso, al que ha tenido que encararse Biden, y que, precisamente, no es sino eso: el principio.

El nuevo presidente de Estados Unidos en tan solo dos semanas de mandato ha firmado ya cuarenta decretos, la mayoría de los cuales para derogar los firmados por su predecesor. Entre ellos, el levantamiento del veto al acceso de personas transgénero en el ejército, la detención de la construcción del muro fronterizo con México y la revisión de las políticas migratorias hostiles

Pero todavía le quedan por delante siete grandes retos nada fáciles de superar, para volver a poner sobre raíles un país en el que la pandemia de coronavirus avanza como un tren descarrilado.

 

Lucha contra el COVID-19

El primer paso que dar, tanto por la urgencia, la gravedad y por las consecuencias concadenadas que tiene, es la lucha contra el COVID-19. La aproximación de Biden a la pandemia es diametralmente opuesta a la del ya expresidente, quien dudó de la real existencia del virus incluso después de haber sido contagiado. Tanto es así que, incluso, el pasado 8 de julio de 2020, notificó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) que la potencia norteamericana procedía a terminar de forma unilateral la relación con dicha institución internacional, acusándola de ser un títere en las manos de China. Biden, por su parte, tiene claro que EE.UU. debe volver a formar parte de esta red de salud mundial, además de llevar a cabo un plan integral, compuesto por cinco puntos fundamentales

  • Pruebas y rastreo, para intentar frenar los contagios, que a principios de febrero ascienden, en el país, a 26 millones y medio; 
  • Abastecimiento de equipos de protección individual (EPI), en un momento en el que los hospitales están saturados, y corren el riesgo de colapsar;
  • Acelerar la vacunación. El anterior Gobierno había prometido para antes de finales de 2020 la inmunización de 20 millones de personas y apenas alcanzó los 2. En enero, Biden anunció que se prevé destinar 400.000 millones de dólares a la creación de un programa nacional de vacunación; 
  • Protocolos seguros para la reapertura de negocios que permanecen cerrados en los estados que así lo requieren, como California; 
  • Proteger los colectivos alto riesgo, sin discriminación de las personas más mayores.

 

Economía, apoyo social y reactivación laboral

El presidente electo se mudó a la Casa Blanca con 27,5 billones de dólares de deuda pública. Biden es partidario de las medidas restrictivas necesarias para frenar la curva de contagios, una postura que desde el punto de vista económico juega en su contra. Estados Unidos cerró 2020 con un PIB 3,5 puntos porcentuales por debajo del nivel precrisis, y previsiblemente seguirá descendiendo por los confinamientos y cierres de negocios no esenciales en los estados más afectados. 

Como consecuencia del significativo descenso del PIB, en Estados Unidos se destruyeron 40 millones de empleos durante la primera ola, y más de una cuarta parte de las personas afectadas no ha recuperado, hoy en día, su empleo. Por ello, Biden anunció a principios de año un plan de rescate de 3 billones de dólares para reactivar la economía, creando 18 millones de nuevos empleos. Además, un billón del total se destinará a ayudas directas a personas afectadas por la crisis tanto en forma de ayuda para la vivienda, como para personas con pocos recursos y soporte a pequeñas y medianas empresas afectadas por la caída de ingresos. Ya en mayo se activó un plan de rescate similar, sin embargo, Biden aboga por la inclusividad y modifica el acceso a estas ayudas para que aquellas personas indocumentadas casadas con un ciudadano estadounidense, también puedan solicitarlas.

 

El reto de la fiscalidad

La reversión de la reforma fiscal que llevó a cabo Trump en 2017 es otro de los retos a los que se enfrenta el nuevo presidente de Estados Unidos. Con todo, Biden tiene intención de ser más moderado que Obama en su mandato, quien situó el impuesto de sociedades en un 35%. Así, la intención es que ahora este impuesto se vuelva a subir en 8 puntos porcentuales, pasando del 21% al 29%. Las rentas más altas también están bajo el foco del Gobierno Biden, ya que prevé incrementar las contribuciones de aquellos que ganen más de 400.000 dólares anuales, lo que se traduce en una estimación de ingresos en las arcas de 758.000 millones adicionales. No obstante, debido al actual contexto pandémico y la crisis que ha producido en distintos aspectos, los expertos opinan que la reforma no entraría en vigor hasta principios de 2022, y no sin las dificultades que una Cámara Alta dividida implican para su aprobación.

 

Aranceles

La reversión de la política de su predecesor en temas de importaciones también está en la agenda de Biden. Trump emprendió una verdadera guerra comercial contra Europa que arrancó en octubre de 2019, a raíz de una disputa de larga data: el supuesto trato de favor de la Unión Europea a Airbus (participada por Francia, Alemania, España y Reino Unido), en desfavor de su mayor competidora, la estadounidense Boeing. Así, aprobó un arancel del 25% sobre productos importados como quesos, vinos y aceite, medida que perjudicó fuertemente a los productores españoles.

 

Economía verde: Green Deal

En contraposición con la administración Trump, Biden regresa a las intenciones de Barack Obama de luchar contra el cambio climático que el magnate derogó. Así, el nuevo presidente apuesta por una nueva economía más sostenible para salir de la actual crisis económica y, para ello, Estados Unidos volverá a formar parte de los pactos del Acuerdo de París.

En un plano más ambicioso, la administración Biden (de la mano de Alexandria Ocasio-Cortez) ha diseñado el llamado Green New Deal, un plan que prevé la descarbonización del país en los próximos diez años, la reducción de la emisión de gases de efecto invernadero de un 40% a un 60% para 2030, y la completa eliminación de las emisiones globales para 2050. Un doble reto, no solo por la envergadura de los cambios a realizar, sino también por la dificultad intrínseca de recibir la aprobación de un Senado más bien reacio.

Sin embargo, y como medida que sí está en su mano y no requiere de aprobación, Biden ha anunciado que dejará de aceptar contribuciones de cualquier empresa perteneciente a los sectores petrolífero, gasístico y carbonífero

 

Exteriores

Entre los muchos retos a los que la nueva administración tendrá que enfrentarse en materia de política exterior figura la tarea de limar las asperezas con China, país con el que Estados Unidos mantuvo un tira y afloja en conversaciones comerciales durante dos años, antes de que el presidente saliente cancelara los acuerdos alcanzados, en verano de 2020.

A modo de conclusión, Biden tiene 4 años por delante para llevar a cabo importantes cambios en todos los ámbitos en un contexto complicado. Ciertamente, durante los dos primeros tendrá a su favor el Congreso y el Senado. El dilema es qué priorizar y qué tiempos manejar para afrontar estos cambios.