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¿Qué es una inversión?

Enero 2019

Una inversión consiste en la colocación de capital en una actividad controlada por terceros, una empresa o un paquete de acciones. Esta operación ofrece unos beneficios económicos a largo plazo.

Para explicarlo de manera sencilla, invertir supone privarnos de un dinero que tenemos en la actualidad (lo que se denomina coste de oportunidad) para emplearlo durante un tiempo determinado en un activo que a la larga nos generará más dinero o lo que comúnmente se llama, rentabilidad. 

Los tres factores que caracterizan y forman parte de una inversión son:

  • Rendimiento: se refiere al beneficio que el inversor va a obtener de la inversión. Esta cantidad, entre otras variables, dependerá principalmente del importe invertido.
  • Riesgo: es la incertidumbre que surge en las inversiones. Aunque suelen ser apuestas fiables, no se puede asegurar que el capital vaya a aumentar. En definitiva, todo riesgo supone una oportunidad. De manera general, cuanto mayor es el riesgo, mayor es el beneficio.
  • Tiempo o plazo: dependiendo del tiempo que se mantenga la inversión, la rentabilidad podrá ser mayor o menor. Sin embargo, es imposible saber de antemano el plazo de tiempo necesario para la obtención de una rentabilidad positiva.

 El tiempo se clasifica de la siguiente manera: 

  • Corto plazo: menos de 1 año
  • Medio plazo: entre 1 y 3 años
  • Largo plazo: más de 3 años

Elementos de una inversión

La inversión se compone de los siguientes elementos:

  • Inversor: es la persona que invierte su dinero.
  • Capital: es la cantidad de dinero que se invierte.
  • Plazo: una vez invertido el capital, es el tiempo necesario para que la inversión empiece a generar los beneficios esperados.
  • Activo en el que invertir: es aquello en lo que se decide invertir.
  • Resultado: son los beneficios/pérdidas generados al desinvertir. 

Las inversiones suponen un sacrificio en el momento en el que se hacen. Sin embargo, este sacrificio se puede ver recompensado en el tiempo con ganancias. Invertir supone también un ahorro. Pese a que siempre implica un riesgo, el capital invertido tiende a crecer, aumentando así los ahorros.