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Innovación

Diccionario del Internet de las Cosas

Julio 2018

Big data, realidad aumentada, domótica y ciudades inteligentes pueden desarrollarse gracias al Internet de las Cosas, permitiéndonos disminuir nuestro impacto sobre el ambiente que nos rodea. No obstante, ojo con los problemas de protección de datos y seguridad.

Una persona de cada tres ya posee un dispositivo interconectado con otros sistemas gracias a Internet, pero no lo sabe. Esta es la conclusión de una investigación de Accenture, que subraya que el Internet de las Cosas es una realidad que no todos conocen plenamente. Conozcámosla mejor en 10 puntos.

1. Dispositivos

El Internet de las Cosas surge para conectar a la red distintos tipos de dispositivos como sensores, wearables, automóviles, maquinaria industrial, electrodomésticos y cámaras de vídeo y ponerlos en funcionamiento en un sistema interrelacionado.

2. Big Data

La suma de todos los distintos software del Internet de las Cosas produce una cantidad inimaginable de datos, que pueden utilizarse para construir sistemas predictivos y para supervisar muchos ámbitos de nuestra vida.

3. Información

La información recogida por el Big Data surge de los miles de millones de objetos conectados al Internet de las Cosas y crea una amplísima base de conocimientos a 360°, que se puede utilizar para simplificar y automatizar nuestra vida diaria, además de para implementar nuevos sistemas cada vez más avanzados tecnológicamente.

4. Dirección IP

Para poder conectar al sistema del Internet de las Cosas un objeto, o incluso una persona (por ejemplo, a través de un marcapasos o un dispositivo que supervise por control remoto los parámetros vitales) se necesita una dirección IP que pueda autenticar esa unidad concreta identificándola en la red y permitiéndole intercambiar datos de forma autónoma.

5. Realidad aumentada

Basta con un smartphone, o una tablet, para poder añadir en tiempo real información a la realidad que vemos. Gracias a la cámara de fotos que poseen todos los dispositivos móviles, podemos añadir textos, gráficos, análisis y contenidos animados a lo que observamos.

6. Domótica

Una casa inteligente en la que los distintos electrodomésticos puedan incluso dialogar entre sí ya es una realidad: la lavadora y el lavavajillas pueden comunicarse gracias a las tecnologías del Internet de las Cosas para decidir cuál debe ponerse en marcha antes, de manera que se eviten sobrecargas. Al mismo tiempo, el sistema de calefacción puede conectarse a un centro de información meteorológica para decidir cuándo activarse de forma totalmente autónoma. Las soluciones en este campo son muchísimas.

7. Ciudades inteligentes

Al igual que para las casas inteligentes, no faltan propuestas en el campo de las ciudades inteligentes, que evolucionan constantemente. Según un informe de Gartner, los Gobiernos y organizaciones públicas destinarán cada año 500.000 millones de dólares en inversiones desde 2019 para mejorar el sistema de transportes, para reducir el consumo energético y para garantizar servicios avanzados a todos los ciudadanos.

8. Protección de datos
Sobre todo para los dispositivos wearable, como los smartwatches, el smartglass y las pulseras de actividad deportiva, existe la posibilidad de que los datos contenidos en el dispositivo y aquellos guardados en su correspondiente app sean robados al conectarse a Internet. Se necesitan protocolos de seguridad constantemente actualizados para evitar la difusión de datos sensibles.

9. Seguridad

Al igual que en el caso de la protección de datos, si se puede controlar a distancia un instrumento, también puede ser atacado por hackers y delincuentes informáticos. Las empresas productoras de software invierten continuamente para mejorar la calidad de los sistemas de seguridad porque, en una casa inteligente en la que todo está conectado a Internet, un virus puede propagarse del ordenador a todos los electrodomésticos interconectados.

10. Medio ambiente

Utilizar las tecnologías del Internet de las Cosas también permitiría disminuir el impacto humano sobre el medio ambiente. Se ha calculado que la iluminación pública con sistemas inteligentes podría reducir en un 40% los consumos de energía eléctrica y que los sistemas de refrigeración con supervisión en tiempo real podrían permitir un ahorro de enormes cantidades de agua.