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Inversiones alternativas

Criptomonedas: ¿moda pasajera o instrumentos con futuro?

de febrero 2018

Pictet Asset Management Strategy Unit

Analizamos la posible importancia económica y financiera que el bitcoin y otras criptomonedas podrían tener en el futuro. 

Las criptomonedas, lideradas por el bitcoin, han provocado un torbellino mediático durante los últimos meses. Su vertiginoso rally y posterior caída han acaparado los titulares de todo tipo de publicaciones, desde la prensa sensacionalista hasta los periódicos financieros más eruditos. Pero, en general, la cobertura mediática ha planteado más preguntas que respuestas para los inversores. ¿Realmente son estas las monedas del futuro? ¿Pueden contemplarse como inversiones? ¿Permanecerán en el tiempo o son una mera moda pasajera y una burbuja?

Dicho en pocas palabras, pensamos que las criptomonedas tienen un largo camino que recorrer antes de poder ser consideradas como sustitutas viables de las monedas existentes. Como inversiones, por otro lado, sus características son bastante deficientes. Hay buenas razones para creer que son una burbuja y que el bombo promocional que reciben desaparecerá tan rápido como apareció.

Pese a todo, no conviene descartar las criptomonedas completamente. El motivo es que probablemente su aparición acelerará la innovación en los mercados financieros, en particular el crecimiento de la tecnología de contabilidad distribuida como la cadena de bloques o blockchain. Al mismo tiempo, refuerzan el malestar generalizado con respecto a la política monetaria convencional y, por consiguiente, con respecto a las perspectivas para las monedas tradicionales.

¿Son monedas o no lo son?

A día de hoy, prácticamente todo el mundo tiene alguna noción básica sobre las criptomonedas como el bitcoin, aunque solo los especialistas parecen conocerlas a fondo. Uno de los aspectos que más confusión genera es hasta qué punto son realmente monedas.

Las monedas tienen tres funciones. Sirven como medios de pago, unidades de cuenta y depósitos de valor. No está del todo claro que el bitcoin pueda cumplir todas esas funciones.

Para empezar, no hay muchas cosas que se puedan comprar con el bitcoin. Suele ser caro y complejo de utilizar. De hecho, los costes de transacción son tan elevados y los plazos de liquidación tan prolongados que incluso en una reciente conferencia sobre el bitcoin se negaron a aceptar la criptomoneda para pagar sus entradas.1 Existen muy pocos bienes cuyos precios se fijen en bitcoins. Y tampoco se pueden mantener activos subyacentes en ellos. 

Es más, los gobiernos garantizan la operabilidad de sus monedas, aunque solo sea porque son los medios de pago de los impuestos. En cambio, el bitcoin no está respaldado por ninguna instancia superior. Sus partidarios aducen que ese es precisamente el quid de la cuestión en lo que a criptomonedas se refiere –ya que ningún gobierno ni entidad puede inflarlas y la cantidad máxima de oferta de las mismas está incorporada en sus normas fundamentales–, pero estos principios  no son tan inamovibles como a menudo se quiere dar a entender.

Los bitcoins pueden verse debilitados por cualquiera que consiga acumular una mayoría del 51% de la potencia utilizada para la minería de bitcoins. De hecho, tal persona o empresa podría aumentar la cantidad máxima fija de bitcoins, que está establecida en 21 millones y es el fundamento de muchos argumentos para justificar por qué conserva su valor mejor que las monedas fiduciarias.

Fig. 1 Demasiado importante para pasarlo por alto

Valor del bitcoin en %

Valor del bitcoin en porcentaje
Fuente: Pictet Asset Management, Consejo Mundial del Oro, Bloomberg, a 01/02/2018

Teniendo en cuenta que, según se dice, aproximadamente un 79% de la minería de bitcoins se basa en China y que los chinos se encuentran entre los principales poseedores de bitcoins,2 existe un riesgo nada desdeñable de que las autoridades de Pekín puedan encontrar una manera de tomar el control de la criptomoneda.3

Ciertamente, la intervención gubernamental representa un riesgo importante tanto para el bitcoin como para las demás monedas digitales. Los organismos reguladores están preocupados por la capacidad que tienen las criptomonedas para facilitar las actividades del mercado negro, por el ya enorme consumo eléctrico necesario para su minería –solo en el mes de noviembre, la energía consumida para minar bitcoins aumentó un 30% y representó el 0,13% de la demanda energética mundial– con objeto de efectuar transacciones, así como por su potencial para desencadenar problemas bancarios sistémicos a medida que las personas se endeuden para comprarlas4. Por ejemplo, el gobierno de Corea del Sur propuso la prohibición del comercio de bitcoins5, lo cual causó preocupación debido a que dicho país es uno de los principales mercados de criptomonedas, pero posteriormente tuvo que retractarse.

La posibilidad de que surjan problemas sistémicos va más allá de que se utilicen tarjetas de crédito para comprar bitcoins. Según los precios de mercado vigentes actualmente, el valor de los bitcoins en circulación es de 170.000 millones de USD, equivalente al 4,2% de la base monetaria de EE.UU, al 2,1% de las reservas de oro globales y al 0,8% de la base monetaria global. Estimamos que la minería de bitcoins ha podido representar hasta un 11% del crecimiento de la masa monetaria global.

Y merece la pena destacar, entre otras cosas, que aunque las criptomonedas están pensadas como resguardo frente al señoreaje –es decir, la facultad de los gobiernos para depreciar sus monedas– a las autoridades les gusta disponer de esta potestad y suelen oponerse a cualquier intento de socavarla.

Una montaña rusa convertida en activo

Si las criptomonedas no son realmente monedas, ¿qué son? Durante un tiempo, los aumentos vertiginosos de las valoraciones (en términos monetarios tradicionales) hicieron que parecieran inversiones espectaculares. El bitcoin comenzó 2017 con un precio de 985 USD. En el mes de agosto ya se había cuadruplicado. Y luego volvió a multiplicarse por cuatro a principios de diciembre, alcanzando un nivel máximo de más de 19.000 USD. Pero lo que fácil viene, fácil se va. Los precios han vuelto a bajar hasta poco menos de 10.000 USD, tras varias tandas de malas noticias. Dado que el bitcoin no cuenta con ningún respaldo salvo el entusiasmo de los inversores, no existe ninguna razón que impida que las valoraciones vuelvan a caer hasta el nivel que tenían a comienzos del año pasado. Como inversión, han demostrado su capacidad de generar rentabilidades extraordinarias, así como pérdidas igualmente extraordinarias.

El bitcoin es una inversión apta únicamente para quienes toleran bien el riesgo. Su volatilidad anualizada es de un 90% –un recorrido de miedo, aunque con precedentes. No conviene olvidar que la volatilidad anualizada del oro alcanzó aproximadamente un 70% durante la oleada inflacionista de 1979-80. 

Fig. 2 Camino de la Luna (y de regreso a la Tierra)

Precio del bitcoin en USD

Precio del bitcoin
Fuente: Bloomberg, a 01/02/2018

De hecho, la criptomoneda es comparada a menudo con el oro –la Comisión de Negociación de Futuros de Productos Básicos de EE.UU. clasifica al bitcoin como una materia prima.6 Al igual que el oro, el bitcoin tampoco genera un rendimiento y su precio depende, en gran medida, de la percepción de los inversores. Pero la historia de las monedas digitales es muy distinta de la del oro. Cabe preguntarse durante cuánto tiempo conservarán la confianza de los inversores. Además el bitcoin no es una entidad física. Las plataformas de intercambio digitales en las que se negocia han padecido ataques informáticos. Sus monederos digitales han sufrido robos. Y los bloqueos y fallos informáticos han hecho desaparecer fortunas en bitcoins.

Por encima de todo, los inversores deberían preocuparse por el reciente derroche de entusiasmo por las criptomonedas, ya que es una señal clave de que están experimentando una burbuja, al igual que la trayectoria de precios del bitcoin. ¿Podría subir todavía más? Por supuesto. Si es una burbuja, probablemente la comparación más acertada de lo que ocurre con el bitcoin sea la crisis de los tulipanes acontecida en los Países Bajos en la primera mitad del siglo XVII.

El bitcoin parece especialmente atractivo para aquellos que no se acuerdan de la burbuja de las puntocom: los millennials.7 Una encuesta reciente reveló que, mientras que el 2% de los estadounidenses poseen bitcoins, esa proporción se duplica entre los nacidos entre principios de los años ochenta y principios de los noventa.

Puertas criptográficas al futuro

Por lo tanto, si los méritos del bitcoin como moneda y como inversión suscitan serias dudas, ¿por qué se le presta atención?

En primer lugar, porque está estimulando el desarrollo de la tecnología en la que se basa: sistemas de contabilidad distribuida como la cadena de bloques. En esencia, la contabilidad distribuida es un medio para asegurarse de que ninguna autoridad controle la información sobre las transacciones, compuesta por una base de datos que se comparte y actualiza a través de la totalidad de la red. Durante mucho tiempo, el bitcoin y la cadena de bloques han sido inseparables en la mente de muchas personas. Pero, mientras que el bitcoin depende de la cadena de bloques para verificar las transacciones, esta última puede aplicarse en un número indefinido de unidades de cuenta.

Las recientes inversiones masivas en potencia informática destinadas a operaciones de minería de bitcoins y al desarrollo de otras criptomonedas son análogas al enorme gasto en infraestructura de telecomunicaciones que se produjo durante el boom tecnológico de finales de la década de los noventa. Muchas de las empresas participantes en aquel entonces finalmente quebraron durante el desplome de las tecnológicas en 2001, pero la infraestructura perduró, sentando las bases para la revolución de Internet de las últimas dos décadas.

El bitcoin podría resultar ser un elemento clave de importancia similar para la próxima generación de tecnología financiera, especialmente la contabilidad distribuida. De hecho, algunos inversores consideran el bitcoin como una inversión en la cadena de bloques, es decir, los adquieren como si estuvieran manteniendo una participación en una empresa de cadenas de bloques.

El bitcoin podría resultar ser un elemento clave para la próxima generación de tecnología financiera

Al mismo tiempo, es poco probable que las criptomonedas desaparezcan por completo. En un mundo de experimentación masiva de política monetaria, un accidente grave causado por los bancos centrales no es descartable. Incluso las monedas de reserva están en riesgo potencial de hiperinflación, una crisis monetaria que podría socavar fatalmente el sistema existente.

Puede parecer un argumento rebuscado, pero los regímenes monetarios no duran eternamente. El acuerdo posterior a Bretton Woods que rige en la actualidad solo ha estado vigente unos 40 años aproximadamente. Antes de poder abandonar el sistema actual, primero tendría que existir un sustituto como, por ejemplo, las criptomonedas. Ese es el motivo por el que su desarrollo podría estar marcando los primeros indicios de un cambio de régimen.

La adopción masiva de las criptomonedas privaría los bancos centrales de su monopolio para crear dinero y, por consiguiente, ejecutar la política monetaria. Una economía basada en el bitcoin sería mucho más volátil. Por eso no es de extrañar que los bancos centrales estén sopesando la posibilidad de crear sus propias monedas digitales.

Con esto queremos decir que, independientemente de lo que suceda con el bitcoin a corto plazo, es bastante probable que subsista algún tipo de criptomoneda.