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Inversión medioambiental

Agosto 2020

Día de la deuda ecológica: hacia un mundo post-Covid más sostenible

La crisis sanitaria global ha conducido a una disminución drástica de la huella ecológica de la humanidad. ¿Cómo puede el mundo continuar por esta senda sostenible?

El 22 de agosto marca el día de la deuda ecológica, momento del año en el que el ser humano ha agotado el equivalente a un año de recursos naturales del planeta.

Durante el resto del 2020, la humanidad acumulará una deuda medioambiental al consumir más de lo que la Tierra puede regenerar de forma natural en un periodo de 12 meses, lo que mermará los recursos disponibles para las generaciones futuras.

Por si fuera poco, a esto hay que sumarle que la generación de esta deuda también produce residuos, como dióxido de carbono.

La Global Footprint Network (GFN), grupo de investigación sin ánimo de lucro, calcula el día de la deuda ecológica cada año desde el año 1970 .

A lo largo de este tiempo, el día límite se ha ido adelantando con el paso de los años.

Sin embargo, este año se ha revertido esta tendencia. Gracias a los confinamientos provocados por el coronavirus, ha habido una caída drástica en la huella ecológica de la humanidad.

Según la GFN, la huella de carbono global, por ejemplo, ha caído casi un 15% respecto al año anterior, mientras que la parte de productos forestales ha caído más de un 8%.

Ahora la pregunta es si el mundo puede mantener esta trayectoria sostenible.

La pandemia nos ha alertado de ciertos problemas medioambientales que, de no tratarse, podrían agravar la crisis sanitaria actual o incluso ser el origen de futuros brotes víricos.

Por ejemplo, se calcula que la contaminación del aire mata de forma prematura a unos 7 millones de personas cada año.

Los investigadores han concluido que la contaminación del aire puede haber potenciado el impacto de la pandemia. Varios estudios han hallado relación entre altos niveles de materia particulada en el aire y tasas de mortalidad elevadas por coronavirus.

Sin embargo, la experiencia de esta pandemia también demuestra la velocidad a la que se puede reducir la contaminación del aire.

Al detener el tráfico terrestre y aéreo y paralizar las fábricas, la calidad del aire mejoró sustancialmente. La concentración de materia particulada en China, conocida como PM2.5, cayó hasta un tercio a principios de marzo en relación con el año anterior.

Aunque hay una fuerte posibilidad de que la contaminación aumente rápidamente a niveles precrisis a medida que se relajen los confinamientos, como ya ocurre en China, los gobiernos locales y nacionales no quieren malgastar esta crisis.

La ciudad de Milán ha presentado uno de los planes más ambiciosos de Europa para reasignar espacio público de los coches a favor de los peatones y los ciclistas. También habrá más calles sin vehículos en Londres y París, mientras que Nueva York y Seattle están ensanchando las aceras y peatonalizando barrios.

Es necesaria una transformación mucho más contundente de nuestras estructuras económicas. Este es un reto que requiere un enfoque holístico que nos involucre a todos.

Sin embargo, la contaminación del aire es solo uno de los tantos problemas medioambientales urgentes que la pandemia ha puesto de relieve.

La biodiversidad es otro de ellos. Diversos estudios científicos, los últimos realizados por investigadores en la University College de Londres, muestran que las pérdidas de biodiversidad aumentan el riesgo de pandemias.

Esperamos que la protección de la biodiversidad ocupe un lugar destacado en el debate público sobre cómo prevenir pandemias futuras y alcanzar mejoras sanitarias.

Hace falta una transformación económica más radical

Ha hecho falta un confinamiento sin precedentes para lograr demorar unas pocas semanas el día de la deuda ecológica.

Este hecho revela la magnitud del problema medioambiental al que nos enfrentamos.

Es evidente que echar el freno de la actividad económica no es una solución viable. Lo que hace falta es una transformación mucho más contundente de nuestras estructuras económicas.

Este es un reto que requiere un enfoque holístico que integre a todo el mundo: gobiernos, empresas y ciudadanos.

Invertir teniendo un impacto medioambiental positivo

  • Nuestra estrategia Global Environmental Opportunities (GEO) invierte exclusivamente en compañías que ofrecen soluciones innovadoras a los retos medioambientales a los que se enfrenta nuestro planeta y, al mismo tiempo, emplean recursos eficientemente, reducen sus residuos y limitan otros efectos adversos al medio ambiente. Estas compañías son parte de la pujante industria de los servicios y productos medioambientales, cuyo valor asciende ya a unos 2,5 billones de USD y crece al 6% anual.
  • Las acciones del GEO tienen una huella medioambiental significativamente menor a las del índice de renta variable MSCI All-Country World. Al analizar las nueve dimensiones medioambientales del marco de límites planetarios mediante una metodología propia de evaluación del ciclo de vida, la cartera GEO logra un impacto significativamente más positivo que una estrategia estándar de renta variable global, especialmente en cuanto a cambio climático y biodiversidad. Así es como nuestra estrategia logra que inversores cuiden del planeta manteniendo a la vez perspectivas de buen rendimiento relativo a largo plazo.
  • Con un perfil de riesgo-rentabilidad similar al de una estrategia de inversión orientada al crecimiento, Pictet Global Environmental Opportunities puede complementar una asignación a renta variable dentro de una cartera global.