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Transformación digital

Si queremos una ciudad realmente inteligente tenemos que pasar del big data al «thick data».

Diciembre 2018

La evolución está en la comprensión del contexto: los tipos de datos los métodos usados para recopilarlos y cómo se interpretan son factores que les dan forma y los devuelven a las comunidades en una forma más «elocuente».

Quienes viven en centros urbanos de medianos a grandes interactúan cada día con ese ecosistema denominado ciudad inteligente: se trata de acciones tan cotidianas como ver en nuestro smartphone cómo nos podemos desplazar con el transporte público, consultar los servicios online del ayuntamiento o comprobar los niveles de contaminación del aire. 

El ejemplo de colaboración entre ciudadanos de Barcelona y la Plaza del Sol

La Plaza del Sol de Barcelona es un excelente ejemplo de cómo los ciudadanos pueden «guiar» este sistema que ha dado lugar a los Sistemas de Análisis de Datos: en la ciudad catalana, muchas personas, tanto ciudadanos como turistas, se paran en la célebre plaza del barrio de Gracia hasta bien entrada la noche para beber y charlar. Los habitantes se han quejado varias veces a la Administración municipal, pero nadie ha resuelto nunca el problema. Así, en 2017, los responsables del proyecto Making Sense propusieron a las familias de la zona instalar los sensores de un «Smart Citizen Kit» dentro y fuera de sus apartamentos para supervisar los niveles de contaminación acústica y, de esa forma, poder compararlos con los datos oficiales. Al principio, los habitantes tuvieron problemas para utilizar esta tecnología y para cargar los datos en la plataforma online para compararlos; pero, después de algunas sesiones formativas, pudieron descubrir lo que ya sabían: los niveles de ruido eran ampliamente superiores al límite máximo permitido por la OMS. 

De las ciudades inteligentes a los ciudadanos inteligentes

Gracias a la comprensión de la teoría y la práctica, los residentes han aprendido cómo supervisar la contaminación acústica, y los científicos han descubierto cómo poner la tecnología al alcance del común de los mortales. Este proceso ha permitido mejorar el nivel medio de conocimientos científico-técnicos de los ciudadanos, que han empezado a examinar los datos, a agregarlos y compararlos con estudios sobre la salud, o sobre las correlaciones entre los flujos nocturnos y diurnos. El siguiente paso ha sido comparar los datos de la Plaza del Sol con los de otras zonas de Barcelona: de esa forma, las familias formadas por «ciudadanos inteligentes» han descubierto que el ayuntamiento ya estaba supervisando los niveles de ruido de la Plaza del Sol, solo que no los publicaba ni los utilizaba como datos objetivos a efectos de tomar medidas. Pero algo ha cambiado: los ciudadanos se han vuelto autónomos, convirtiéndose así en guardianes de los datos que recogen.

Thick data: qué cambia respecto al big data

Los datos no pueden interpretarse y analizarse sin antes comprender el contexto del cual se han extrapolado: el ecosistema social en el que se encuentran es lo que hace que sean «thick», es decir, densos. He aquí la gran diferencia con respecto al big data, que sigue consistiendo en datos importantes recogidos por los puntos de información, pero sin la densidad de los datos «elaborados y reinterpretados» en función del contexto. Tal como lo han entendido los habitantes de la Plaza del Sol, el tipo de datos almacenados, los métodos empleados para recopilarlos, lo que se analiza en detalle de ellos, el contexto que los genera, qué se hace con ellos y cómo se interpretan son factores que les dan forma y los devuelven a las comunidades en una versión más o menos «elocuente». En la Plaza del Sol, con la intervención de los ciudadanos y su proactividad, el ruido demasiado alto ya no era solo un problema del individuo, sino un asunto colectivo. Igual que la evolución de los distintos tipos de datos y de las ciudades inteligentes.